Ciencia y Fe
DATOS
Un informe elaborado por los historiadores Edward Larson de la Universidad de Georgia y Larry Witham del Instituto Discovery de Seattle, reveló que sólo el 40 por ciento de los científicos en Estados Unidos cree en un ser supremo y en la existencia de una vida después de la vida, mientras que la mayoría rechaza la sola posibilidad de la existencia de un ser trascendente. Según el informe, el 45 por ciento de científicos encuestados niega la existencia de Dios y un 15 por ciento se declara agnóstico.
Hasta el siglo XIX nadie se planteaba que existiera un conflicto entre ciencia y religión. El avance de ideologías cientificistas y materialistas en la segunda mitad del siglo XVIII llevó a las ideologías anti-religiosas del XIX, entre las que destacaron el positivismo y el marxismo. En este ambiente se formuló la tesis del conflicto entre ciencia y religión, que perdura todavía.
Mientras que para la Iglesia Católica no existe motivo alguno para un conflicto entre fe y ciencia, existen muchos científicos que se han empeñado en señalar la imposibilidad de entablar un diálogo sano entre ambas. Un nuevo estudio publicado en Estados Unidos muestra que el problema no radica ni en la fe ni en la ciencia, sino en algunos científicos, que rechazan el dato revelado y se declaran ateos.
Un ejemplo paradigmático de la presunta oposición entre ciencia y religión lo constituyó el “caso Galileo”, que, con demasiada frecuencia ser presenta de forma inexacta para atacar a la Iglesia. En realidad, no puede ser considerado como paradigma de un conflicto. Son muchos los autores que defienden, en cambio, que el cristianismo actuó como factor muy positivo en el nacimiento de la ciencia moderna.
Stephen Hawking es seguramente el científico más famoso de nuestra época, debido, en buena parte, a las circunstancias de su enfermedad. Se han editado millones de ejemplares de su libro Breve historia del tiempo. En sus publicaciones, ha mezclado el estudio científico del origen del universo con el problema filosófico y teológico de la acción divina en el mundo, como si la física, al estudiar el origen del universo en el tiempo, tuviera implicaciones sobre el problema metafísico y religioso de la auto-suficiencia del universo o de su dependencia en el ser. En realidad, Hawking no niega la existencia de Dios, y admite que Dios puede actuar de modos que nos resultan inaccesibles científicamente. Pero a veces se expresa de modo confuso sobre estos temas.
HAN DICHO
“¿Quién, que vive en íntimo contacto con el orden más consumado y la sabiduría divina, no se sentirá estimulado a las aspiraciones más sublimes? ¿Quién no adorará al Arquitecto de todas estas cosas?” (N. Copernico).
“Lo que sabemos es una gota, lo que ignoramos, un inmenso océano. La admirable disposición y armonía del universo no ha podido salir sino del plan de un Ser omnisciente y omnipotente” (I. Newton).
“El método científico convierte al hombre en dueño y señor del mundo” (Descartes).
“Me turba el universo, y no alcanzo a pensar que este reloj exista y no haya ningún relojero” (Voltaire).
“Mi máximo respeto y mi máxima admiración a todos los ingenieros, especialmente al mayor de todos ellos, que es Dios” (T. A. Edison).
“Jamás he negado la existencia de Dios. Pienso que la teoría de la evolución es totalmente compatible con la fe en Dios. El argumento máximo de la existencia de Dios, me parece, la imposibilidad de demostrar y comprender que el universo inmenso, sublime sobre toda medida, y el hombre, hayan sido frutos del azar” (Ch. Darwin).
“La hipótesis de Dios ya no es necesaria para comprender el mundo” (Laplace).
“Por encima de todo está la gloria de Dios, que creó el gran universo, que el hombre y la ciencia van escudriñando e investigando día tras día en profunda adoración” (W. von Braun).
“Lo declaro con orgullo: soy creyente. Creo en el poder de la oración y creo no sólo como católico, sino como científico” (G. Marconi).
“A través del universo incomprensible se manifiesta una Inteligencia superior infinita” (A. Einstein). “La ciencia hace a Dios innecesario” (S. Hawking).
La reflexión sobre la relación Dios-ciencia viene de lejos. Se encuentra en los mismos grandes científicos, que no dejaron de plantearse nunca la cuestión de Dios, olvidando a veces que la ciencia es provisional y el ser humano, limitado, también el ser científico. Un reflejo de esta reflexión son las afirmaciones precedentes.
¿Con cuáles estoy personalmente más de acuerdo? ¿Por qué? ¿Con cuáles estoy en desacuerdo?
Ciencia y fe ante el cosmos
En su reciente libro El Magnífico Designio, el famoso astrofísico Stephen Hawking parece afirmar que el mundo puede explicarse sin apelar a un Dios creador. Su postura ha causado un enorme revuelo.
Hace unos años, la Universidad Pontificia Comillas publicaba un libro titulado Pensamiento científico y trascendencia, en el que se recogían las aportaciones a un interesante seminario sobre el tema. Hoy se pueden recordar unas líneas de la ponencia del profesor Javier Monserrat: “En el proceso evolutivo generado por el Big bang, ha ido apareciendo una gran densidad de orden, tanto en los objetos puramente físicos como en los objetos biológicos. La ciencia busca conocer las causas de los fenómenos y se pregunta: ¿qué causas reales han contribuido a producir ese complejísimo orden que constatamos? Y la verdad es que la ciencia actual no acaba de detectar cuál puede ser el sistema de causas reales que lo han producido”. Este tono de serena pregunta ante los límites de la ciencia recorre todas las páginas del libro. En realidad nos alerta sobre los distintos ámbitos de conocimiento que es necesario atribuir a la ciencia y a la fe.
Hace unos meses un lector escribía en la revista italiana Famiglia Cristiana: “Me parece que la teoría del Big bang no se mantiene en pie. Sólo Dios puede haber puesto orden”. Giovanni Tangorra le respondía diciendo que “la realidad que nos circunda se presenta guiada por una serie de leyes que ponen orden en el mundo. Pero se trata de un orden distinto del que estaríamos dispuestos a imaginar. De hecho está hecho de fuerzas que se oponen, que destruyen y construyen, pero cuyo resultado final no escapa ni siquiera al observador más distraído: la instalación de la vida”.
Después de esta consideración del orden del universo, Tangorra añade algo que puede sorprender al que le escribe en nombre de la fe: "Merece la pena recordar que la teoría del Big bang fue por primera vez elaborada en 1927 por un sacerdote y astrofísico, el abate Georges Lemâitre. Por la ironía de la fortuna, en los ambientes científicos de entonces no fue tomada en serio por considerarla teológica. Esta teoría reconoce leyes de simetría sin las cuales no se habría podido producir lo que hoy es el universo".
Es interesante esa alusión a Georges Lemaître (1894-1966). Este sacerdote belga afirmaba en 1927 la expansión total del universo, cosa que dos años más tarde descubriría Edwin Hubble en el observatorio del Monte Wilson en California. En 1931 sostenía que el universo se originó en la explosión de un átomo primigenio, que muy pronto se conocería con la imagen del Big bang.
Lo menos que se puede decir es que si algunos científicos deciden apartarse de la fe, la fe no puede tener miedo de la ciencia.
José-Román Flecha Andrés